El Observatorio para la Equidad de las Mujeres rechaza y condena el feminicidio y rastros de tortura sobre el cuerpo de la menor de edad

Maira Alejandra Orobio Solís

Una vez más el Estado le falla a las mujeres y niñas colombianas. La muerte de Maira Alejandra Orobio Solís no es un caso aislado ni un infortunio del destino, sino la manifestación de un problema estructural. En lo poco corrido del año se estiman un total de 16 feminicidios, de los cuales se reportaron 13 durante las primeras dos semanas de enero, es decir, casi una muerte diaria. De acuerdo al Observatorio de Feminicidios de Colombia, del 16 de marzo, inicios de la cuarentena, al 30 de agosto se cometieron 243 feminicidios. ¿Cuáles son las medidas preventivas que se están tomando en torno a esta situación? ¿Qué está haciendo el Estado colombiano para disminuir estas cifras a cero?

En efecto, cuando afirmamos que estas muertes son producto de un problema estructural nos referimos a que hay unos grandes poderes que producen y reproducen unas relaciones sociales de género fundamentadas en la dominación de los varones sobre las mujeres. De ahí surgen los privilegios masculinos. No obstante, dichos privilegios se reproducen a una escala mucho más fina. Esta opera de manera subrepticia, con una sutileza tal que pareciese como si se ejecutara de forma independiente de los grandes poderes e instituciones. Claramente, vale la pena enfatizarlo, semejante ruptura es una mera ilusión.

No obstante, no debemos olvidar que como sociedades hacemos cambios socioculturales a través de las distintas rupturas históricas que las fuerzas sociales expresan. En ese sentido, el contrato heterosexual y cisgénero también ha sido puesto en revisión desde distintos activismos feministas y LGBTI. En dicha tarea han denunciando reiteradamente las múltiples violencias físicas y psicológicas que tienen que vivir por un mundo que promueve una mirada binaria de la sexualidad y los cuerpos, lo que implica vivir en el rechazo, la vergüenza, la violencia y la deshumanización. Así, el asesinato de Juliana Giraldo nos muestra las fallas institucionales, transversales e históricas; nos ejemplifica el peso de las falencias institucionales sobre la vida de las personas. Asimismo, como sociedad no nos basta con quitar una vida injustamente sino que nos resulta necesario también romper con su memoria al no nombrar y respetar su identidad de género. En consecuencia, irrespetamos el dolor de todas y todos aquellos que la amaban.

Ahora bien, hay otro factor a tener en cuenta cuando hablamos de la muerte, ya que esta habita un régimen de poder de naturaleza distinta al resto de las violencias. Las violencias contra las mujeres en general dilucidan el poder que posee el varón sobre el cuerpo y la vida femenina. Es decir, hay un control que es ejercido sutilmente, desde los detalles de lo cotidiano, por el hombre sobre la mujer.

Cuando el poder del varón es ejercido hasta tal punto que produce la muerte de la mujer, este poder entra en el reino del necropoder. En otras palabras, el poder ya no busca la administración de la vida y los cuerpos femeninos, sino su negativa, esto es, su eliminación. Lo alarmante y desgarrador de dicha situación para nosotras es que semejante ejercicio de poder resulta irreversible. Un cuerpo inerte no puede pelear en contra de o defenderse de su opresor. La vida de Maira Alejandra Orobio Solís, como la de tantas mujeres y niñas colombianas, no podrá volver a levantar su voz contra su ag resor. Por ello, exigimos a la institucionalidad y a las autoridades competentes que demuestren categóricamente su compromiso en el desarrollo de las acciones judiciales oportunas y eficientes que permitan actuar en derecho y proveer justicia a la familia de Maira y al pueblo guapireño.

Como Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), en alianza con la Fundación WWB Colombia y la Universidad Icesi, manifestamos nuestra profunda tristeza, rechazo e indignación al feminicidio contra la menor Maira Alejandra Orobio Solís de Guapi Cauca, quien fue brutalmente torturada y violentada sexualmente. Asimismo, rechazamos los 13 feminicidios ocurridos este inicio de año. Es lamentable tener que llenar de cifras sobre violencia nuestras investigaciones e informes. Por eso, acompañamos a todas las redes familiares y amistades de todas las que ya no están, honramos sus vidas y deseamos fielmente que la violencia contra las mujeres pare inmediatamente. Hacemos un llamado a trascender la indignación y a buscar las estrategias y medidas preventivas concretas en contra de los diferentes tipos de violencia que hoy sufren las mujeres y las niñas de la región.

Como Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), en alianza con la Fundación WWB Colombia y la Universidad Icesi, manifestamos nuestra profunda tristeza, rechazo e indignación al feminicidio contra la menor Maira Alejandra Orobio Solís de Guapi Cauca, quien fue brutalmente torturada y violentada sexualmente. Asimismo, rechazamos los 13 feminicidios ocurridos este inicio de año. Es lamentable tener que llenar de cifras sobre violencia nuestras investigaciones e informes. Por eso, acompañamos a todas las redes familiares y amistades de todas las que ya no están, honramos sus vidas y deseamos fielmente que la violencia contra las mujeres pare inmediatamente. Hacemos un llamado a trascender la indignación y a buscar las estrategias y medidas preventivas concretas en contra de los diferentes tipos de violencia que hoy sufren las mujeres y las niñas de la región.

Equipo equidad en lo rural, OEM.
Santiago de Cali, enero 27 de 2021.