La recesión de las mujeres se siente en Latinoamérica

La recesión de las mujeres se siente en Latinoamérica

Esta pandemia nos ha afectado a todos, pero a las mujeres las ha afectado más.

Julio fue un mes gris para ellas, si bien ya se habían generado alertas.

Por cada hombre que dejó de trabajar lo hicieron dos mujeres en Colombia, con lo que la brecha de desempleo que ya existía empeoró hasta el punto que el desempleo de las mujeres alcanzó una tasa del 26,2 por ciento, diez puntos por encima de los hombres, según el DANE.

Es una situación que no se veía en décadas y que borra de tajo las ganancias que habían obtenido las mujeres con mucho esfuerzo.

La problemática es regional.

Mientras la ocupación de los hombres en México aumentó en más de dos millones con respecto a junio, la de las mujeres disminuyó en cerca de 800 mil, según el INEGI.

En Perú, el panorama no es más alentador. Las mujeres han tenido una disminución de la ocupación de más de 10 puntos porcentuales con respecto a los hombres, según cifras del INEI de junio de este año.

El resultado de todo esto, como es obvio, es una profundización de la pobreza y una pobreza más feminizada.

¿Simple coincidencia?

No, desafortunadamente. La desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral aunque había disminuido en la última década, aún existía, y una de las razones que la explica, y que se hizo aún más visible con la pandemia, es la carga desigual de las labores de cuidado.

Según un informe de la Cepal de agosto, en Latinoamérica, las mujeres en promedio dedican tres veces más tiempo a trabajos no remunerados.

No son solo cifras.

Susana López, una enfermera en México, cuida enfermos entre dos trabajos que le tocó conseguir para mantenerse y jornadas locas en hospitales que solo le dejan tiempo para recuperar sueño.

Mayra Pablo, una cobradora de coaster (como le dicen en Perú a los microbuses), en varias ocasiones no ha podido salir a buscar lo del día porque su bebé se enfermó y ella es la “naturalmente” responsable de cuidarlo.

Juliet Romero, dueña de un jardín infantil en Colombia, cerró su negocio y le ha tocado sobrevivir con sus dos hijos en el rebusque. Seguramente, muchas mamás que antes se apoyaban en Juliet, tuvieron a su vez que abandonar su trabajo o doblarse en la jornada y saltar matones para cumplir en sus trabajos y en sus casas.

Estas tres mujeres, en distintas latitudes, con quienes hablamos durante siete días seguidos para este reportaje, son el rostro de miles que aparecen en las estadísticas de la región y que hacen palpable la desigualdad de género en el manejo de esta pandemia.

Junto a ellas, seis expertas: Paula Herrera (UJaveriana) y Lina Buchely (Icesi), de Colombia, Arlette Beltrán (UPacífico) y Marlene Moreno (Gender Lab), de Perú e, Iliana Yaschine Alma Maldonado (UNAM), de México participaron aportando cifras y análisis que ayudan a comprender el fenómeno.

Los planes de choque que se necesitarían, según las académicas, van desde la priorización de los sectores que más ocupan mujeres y que se han visto golpeados por la pandemia como restaurantes y turismo, educación, servicio doméstico, comercio al por menor y elaboración de prendas de vestir; la inversión en sistemas pagos de cuidado, la formalización del empleo femenino para hacerlo compatible con la vida familiar y reformas tributarias que reconozcan las diferencias de género.

Lo que está en juego son las pequeñas-grandes conquistas que habíamos logrado las mujeres y la sociedad entera en los últimos años.

Aquí las conversaciones de WhatsApp que tuvimos con ellas durante siete días y los análisis económicos.

Fuente: https://archivo.lasillavacia.com/archivos/historias/www/mujerespandemia/index.html

La recesión de las mujeres se siente en Latinoamérica2021-10-06T14:41:47-05:00

Las rutas para que el confinamiento por el covid-19 no aumente el riesgo para las mujeres

Ante los confinamientos que se están presentando de nuevo en Cali y el Valle por la pandemia, las autoridades alertan de nuevo sobre posible aumento de casos de violencia de género e intrafamiliar.

Por eso la Gobernación y la Alcaldía de Cali están implementando campañas de prevención para que no se presenten casos de violencia contra la mujer y se logren disminuir los altos índices de este fenómeno registrados en el departamento el año pasado.

De acuerdo con un informe del Observatorio de Género del Valle, Ogen, entre enero y noviembre de 2020 en el departamento se reportaron 10.279 casos de tres tipos de violencia contra la mujer: 5670 casos de violencia doméstica, 2736 sucesos de lesiones personales en los que la mujer fue víctima y 1873 denuncias de delitos sexuales.

Asimismo, el Observatorio detalló que en el año que culminó, en el Valle, se presentaron 31 casos de feminicidios, de los cuales 20 fueron registrados en Cali. En la capital del Valle esa cifra representó un aumento del 53,8 % respecto a 2019.

Frente a esas cifras y teniendo en cuenta que el pasado 1 de enero se registró el feminicidio de una joven de 22 años en el corregimiento de Rozo, zona rural de Palmira, la secretaria de Mujer del Valle, Yurany Romero, manifestó que “empezamos el año mal, lamentamos haber empezado el 2021 de esta forma”.

“Es por eso que en este 2021 queremos que las instituciones que hacen parte de la Ruta de Atención también sigan trabajando de la mano en esa prevención. Ahora con los nuevos confinamientos debemos trabajar juntos para evitar tener los mismos o mayores índices de 2020 de feminicidios o violencia contra la mujer”, dijo Romero.

De igual manera, Natalia Escobar, coordinadora de medición del Observatorio para la Equidad de la Mujer, OEM, aseguró que “la violencia doméstica contra las niñas y mujeres es otra pandemia que creció con los confinamientos obligatorios de manera exponencial. Es por eso que no podemos minimizar ningún tipo de violencia basada en género”.

Rutas de atención y líneas de ayuda

Debido a que en Cali y en el Valle se están implementando nuevas medidas de restricción de movilidad y confinamiento, las autoridades afirmaron que en la región se han implementado varios canales de ayuda a la mujer

Uno de ellos, una alianza realizada entre Surtifamiliar, Cañaveral y la Gobernación. Según explicó la Secretaria de Mujer del Valle, las mujeres que son víctimas de algún tipo de violencia de género se pueden acercar a alguno de estos supermercados y reportar su caso o el de una familiar o conocida.

Una vez la mujer hace el reporte, los funcionarios del supermercado se encargan de activar la ruta de atención, e informar el caso a las autoridades competentes para que estas se comuniquen con la víctima.

“A todos los funcionarios que trabajan en servicio al cliente y en las cajas los capacitamos en todo el tema de prevención de violencias de género. Ellos saben identificar qué tipo de violencia reportan las mujeres y tienen instructivos para ser activadores de la ruta de atención”, detalló la Secretaria.

Por su parte, la subsecretaria de Equidad de Género de Cali, Nancy Faride Arias, mencionó que “ tenemos varias líneas de ayuda para que ahora con los nuevos confinamientos las mujeres denuncien, porque uno de los factores que agudiza la violencia de género es estar siempre con el agresor”.

De hecho, una de esas líneas está disponible las 24 horas del día y es el Código Rosa de la Policía al cual las mujeres se pueden comunicar en cualquier momento con a través de la Línea 123 o el celular 3188611522.

Además, pueden pedir ayuda a la Fiscalía por medio del numero 01800919405, o por la Línea 122 . Para la orientación de los casos de violencias de género, la Gobernación ha dispuesto la línea ‘Estamos con Vos’ a la cual se puede acceder marcando 106.

Asimismo, si se necesita reportar un caso en el que la víctima sea un menor de edad, la persona puede comunicarse con el Instituto de Bienestar Familiar, Icbf, por medio de la Línea 141.

En el caso de Cali, las mujeres tienen la opción de solicitar ayuda a las Comisarías de Familia llamando al 3503503218. Las víctimas también pueden reportar el caso directamente a la Subsecretaría de Equidad de Género comunicándose al 3105162760 que está disponible las 24 horas del día.

Entre tanto, Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de la Mujer, OEM, declaró que “si en medio del confinamiento la mujer se da cuenta que está con una persona que tiene comportamientos agresivos de manera recurrente lo mejor es hacer un alto, cuidarse y buscar ayuda para prevenir”.

Ante ello, la subsecretaria de Equidad de Género de Cali indicó que si una mujer que es víctima necesita orientación jurídica o psicosocial para atender su caso, esta puede pedir el acompañamiento a la Casa Matria por medio del 3105162760 o del teléfono fijo 6688250.

Finalmente, la concejal de Cali Ana Erazo comentó que “si en algún caso la institucionalidad se queda corta, las mujeres deben tener claro que para eso estamos las concejalas. Nosotras las apoyamos, hacemos control para ayudarlas en lo que necesiten, porque si han sido víctimas su caso no quede en la impunidad”.

Las rutas para que el confinamiento por el covid-19 no aumente el riesgo para las mujeres2021-10-06T10:24:32-05:00

Economía e igualdad de género: ¿dónde está el problema?

Economía e igualdad de género: ¿dónde está el problema?

 
No basta con aumentar los empleos, permitir los ascensos, o mejorar la remuneración de las mujeres, si no se cambian las bases de la organización social y la responsabilidad por cuidar a los demás.

La brecha

La igualdad de género es uno de los Objetivos del Milenio acordados por la Asamblea General de Naciones Unidas.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “empoderar (sic) a las mujeres y niñas tiene un efecto multiplicador y ayuda a promover el crecimiento económico y el desarrollo a nivel (sic) mundial.”

La igualdad de género exige que las mujeres y los hombres tengan las mismas oportunidades para ocupar los puestos de trabajo; las cifras colombianas muestran que la igualdad de género está lejos de ser una realidad.

Las mujeres ocupamos apenas el 38% de los puestos de trabajo remunerados, aunque somos más del 50% de la población. No hay igualdad en el mercado de trabajo (ni en salarios, ni en estatus laboral, ni en formalidad), aunque las mujeres hemos mejorado nuestro nivel educativo superando a los hombres.

Pero el problema va más allá. Si no cambiamos el sistema económico de raíz, la igualdad de género no será un buen negocio para las economías, ni para las mujeres, ni para la sociedad.

Las causas de la brecha

· Las mujeres no pueden ser tan productivas como los hombres dado que la mayoría se ven obligadas a cumplir con carga desproporcionada de labores de cuidado no remunerado. La mayoría de las mujeres tienen cargas de trabajo excesivas, tanto en el trabajo remunerado como en el no remunerado.

Mientras tanto los hombres casi siempre están exentos de sus responsabilidades en el hogar, participen o no en el mercado laboral.

· Las mujeres cargan con el peso del cuidado de sus hogares. Otrora Betty Friedan demostró en su estudio La segunda fase que muchas mujeres le dan la espalda a oportunidades laborales y les dan prioridad a las necesidades de su familia. «No son pocas las que prefieren ganar menos para regresar más temprano a casa».

· Las políticas de igualdad de género están basadas en la meritocracia. Estas políticas apenas funcionan en el papel porque suelen estar formuladas por políticos, que son tanto hombres como mujeres, que (1) no se enfrentan a la carga del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados porque pagan por estos servicios y (2) creen en el mito de la meritocracia que formula que quien se esfuerza puede mejorar su estatus socioeconómico sin importar su situación actual.

Empleo femenino y crecimiento económico

En el caso colombiano, las nuevas políticas están basadas en la inclusión e igualdad de género del informe que propuso el Banco Mundial hace ocho años bajo el eslogan: “La igualdad de género es una economía inteligente”.

Esta perspectiva ve la igualdad de género de manera instrumental: la propuesta se limita a aumentar la participación y ocupación laboral femenina para mejorar la economía. Según esta postura, un mejor uso de los recursos disponibles contribuiría al crecimiento económico, y mejorar la educación de las mujeres elevaría su productividad, pero de ninguna manera pone en cuestión los roles de género que pretenden que las mujeres se encarguen de la reproducción social de la vida.

El techo de cristal

Esta perspectiva, basada en una economía feminista de corte liberal, propone como mayor fin acabar con los “techos de cristal”. Este es el término usado para describir la frontera invisible que las mujeres no pueden pasar en su carrera laboral.

El feminismo liberal afirma que sin estos “techos de cristal”, las mujeres estarían en altos rangos de la esfera política y económica y así podrían impulsar el empleo de las mujeres y mejorar las condiciones de vida de ellas.

Pero el hecho de que algunas mujeres alcancen puestos de poder no beneficia a la gran mayoría de mujeres. Y al contrario hace que estas mujeres con alta capacidad de consumo puedan comprar trabajo precario de mujeres pobres para que se hagan cargo del trabajo doméstico y de cuidados en sus hogares; descuidando sus propios hogares.

Estereotipos de género

Hay otras perspectivas que de manera engañosa reproducen estereotipos de género.

Por ejemplo, cuando se piensa la igualdad como una oportunidad y no como un costo. En estos casos, se cree que las mujeres pueden ofrecer empatía, cuidado, menos corrupción, más comportamientos éticos, y un ambiente de trabajo menos competitivo o agresivo.

El peligro de esta perspectiva estriba en que se corre el riesgo de que la sociedad espere de las mujeres más y que las mida con distintas varas. La sociedad suele ser más severa con las mujeres.
• Si una mujer es maternal con sus subalternos, se dirá de ella que no es lo suficientemente dura para ser una líder.
• Si una mujer no renuncia a su feminidad, surgirán de inmediato los comentarios en voz baja sobre los favores sexuales que dio para tener sus puestos de trabajo.
• Si una mujer se niega a seguir los estereotipos de género de mujer dulce y maternal, se dirá que es masculina y será castigada por perder su feminidad.

Y estos no son los únicos estereotipos que hacen que las mujeres nos sintamos fuera de lugar en cualquier ejercicio de poder.

Un cambio de raíz

Nos han querido imponer el dilema “amas de casa vs. mujeres trabajadoras” y va ganando el segundo por los innegables beneficios que ha traído para mujeres el acceso a los procesos educativos, los aumentos en la participación laboral y la participación en la toma de decisiones políticas. No obstante, el sistema económico sigue ganando con el trabajo gratuito o precario de millones de mujeres y hemos visto como esta forma de igualdad neoliberal terceriza la opresión y mantiene a la mayoría de las mujeres en condiciones de explotación, dominación y opresión.

Es evidente que este dilema no se pone en cuestión que ambas salidas no son más que la cara del capital usando a las mujeres para sostener sus amplias ganancias.

Algunas economistas feministas, como Lourdes Beneria, Gunseli Berick y María Floro, lo han sostenido así desde la publicación del mencionado informe del Banco Mundial. Se ha demostrado que la desigualdad de género favorece los intereses del capital perpetuando la división sexual del trabajo.

Para que la igualdad de género sea entonces un “gana-gana”, la economista Stephanie Seguino afirma que se deben cumplir las siguientes condiciones:
1. Distribución equitativa de la reproducción social;
2. Eliminación de las brechas salariales; y
3. Un sistema de cuidado que contemple la reproducción social como un elemento decisivo para la sostenibilidad de la vida.

Colombia no cumple con ninguna de estas condiciones. Es necesario pensar un sistema económico que sea compatible con la vida digna de las mayorías, y no con los beneficios de unas y unos pocos. Para eso, necesitamos impulsar cambios profundos en la forma de administrar la economía y en los acuerdos que sirven de base a nuestra cultura.

Esto se logra únicamente oyendo a las mujeres y a otros grupos históricamente silenciados. Además, es necesario traer a la esfera política la discusión sobre la reproducción social de la vida, que el capitalismo y el patriarcado han querido encerrar en el hogar y reducirlo a un problema de mujeres.

Necesitamos cambiar el sistema que rige nuestra sociedad. En palabras de Luci Cavallero y Verónica Gago, necesitamos un sistema económico que no use a las mujeres –especialmente a las mujeres pobres y racializadas— para suplir los servicios básicos que el Estado no puede o no quiere prestar.

Un ejemplo ha sido durante la pandemia, pues en el encierro, las mujeres son las que se han visto más afectadas, no solo por sus condiciones laborales se han visto fuertemente golpeadas, sino porque sus jornadas domésticas y de cuidado han aumentado de manera severa.

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Economía e igualdad de género: ¿dónde está el problema?2021-10-06T10:31:55-05:00

De monstruos, héroes y demonios

Una nueva semana cierra con noticias de abusos sexuales en las primeras páginas de los medios de comunicación. La esquina o la sección que dedicaban a la situación de riesgo de las mujeres en la pandemia pasó a primera plana, pese a que llevemos tres meses registrando aumentos entre el 170 y el 182% de las denuncias de violencias basadas en género en la línea 155 de la policía. Esta vez, la indignación viene de tres noticias: las conductas reprochables de Ciro Guerra; los escándalos en las Universidades Antioqueñas y la impresionante violación de una menor de edad a manos de ocho soldados de las fuerzas armadas.

Escribo porque hay varios elementos que hacen de estos casos algo particular respecto a otros, que me gustaría comentar aquí. Esos elementos tienen que ver no con una anormalidad de los hechos, sino con su contrario: lo rutinario de todas esas dinámicas.

El primero de los factores que quisiera comentar hace referencia a los victimarios. Los medios y la opinión pública suelen convertir en monstruos a los victimarios de violencia sexual. Casos como el de Yuliana Samboní nos recuerdan cómo, detrás de lo desgarrador del hecho, siempre existe un esfuerzo importante por narrar como excepcional o enfermizo al victimario. “Era un monstruo”, decían unos; “estaba loco”, reforzaban otros. En los casos de esta semana, por lo contrario, los victimarios son héroes cotidianos: artistas admirados, profesores reputados, valientes jóvenes. Eran, como dicen algunos titulares: “un buen tipo, talentoso”. Ese carácter mundano de los victimarios también está en las escenas.

El segundo elemento que quisiera mencionar es que no hay un nefasto y despiadado escenario del crimen. No hay una historia de terror que acompañe los relatos de las mujeres y la niña, pese a que cualquier abuso es en sí, aterrador. Hay un Uber, bibliotecas, salones de clase y palos de guayaba. Hay vidas de gente, días y rutina. En los tres casos, además, hay denuncias de mujeres valientes −las dos primeras a medios de comunicación, la última a las autoridades−. Y frente a esas acusaciones, los victimarios han contestado con patrones similares: “lo que dicen ellas es mentira”; “responderé a los autoridades”; hay presunción de inocencia y debido procesoaun cuando se acepta que el hecho sucedió −como en el último caso, que involucraba a una menor de edad −, “yo sí lo hice, pero ella lo provocó”. Hay entonces mucho de rutinario en todo esto. Las respuestas también hacen parte del rutinario repertorio de defensa de los varones.

Los casos de esta semana nos hablan del peso propio de la vida cotidiana. Hacen referencia a escenas que pasan todos los días, a acciones que cometen hombres que no son despiadados lunáticos, psicópatas sueltos, anomalías familiares, sino hombres de carne y hueso que hacen cosas poderosas en sus oficios. Estos casos nos hablan de normalidad, no de una truculenta excepción. Hablan de lo cotidiano, no de lo patológico. Esa es la violencia sexual. En contextos donde las mujeres son más pobres, tienen más carga de trabajo −un trabajo invisible como lo es el trabajo de cuidado−, menos empleos y más riegos vitales, la violencia sexual no es una excepción. Los hombres, en efecto, no tienen que usar violencia si quiera, para abusar de ellas. Usan sexualmente a las mujeres por inercia, con la densidad de la tradición, de las costumbres, de la cultura. Han aprendido, a lo largo de su diario vivir, que ellas les pertenecen, son material disponible de menor importancia. En últimas, que ellas deben doblegarse a su voluntad y deseos. Eso es de lo que les habla el mundo todos los días a esos buenos tipos que además de muchos atributos son, también, acosadores.

Cada vez que ocurren hechos semejantes, nos indignamos. Nos indignamos y hablamos días de ello. Dos días, y hasta tres días. Lo que nos resta de tiempo, ignoramos todo aquello que permite que esas mismas dinámicas continúen sucediendo. Dejamos que la desigualdad reine de manera impune; así como dejamos que nuestras niñas aprendan juegos distintos y diferentes, que nuestras adolescentes se sientan más culpables por su deseo y lo escondan, que nuestras colegas trabajen más, reciban menos salario y nunca lleguen a tomar decisiones.

Tenemos que conectar esos eventos. La desigualdad rampante, la impunidad y lo normal que nos parece que suceda, permitió que un tipo reconocido forzara varias mujeres a tener sexo. Es esta misma desigualdad y normalidad que permite que todos los días profesores eroticen las relaciones con sus estudiantes y que jóvenes reclutas vean en una niña un objeto sexual. Hemos erotizado la desigualdad. Nos parece ardiente.

Trabajo hace más de un año midiendo las brechas de género en el Valle del Cauca. Cuando sacamos cifras de trabajo, de inclusión financiera, de participación política, no tienen mucho eco. Las citan pocas investigadoras y organizaciones. No pasa lo mismo con las de feminicidios. Queremos cifras de muerte, de violación. Este comportamiento generalizado es un llamado urgente que requiere de toda nuestra atención. Quizás muchas y muchos continúen actuando bajo la sombra de la indiferencia. Pero cuando también nos desgarre que nuestra hija tenga menos posibilidades que su novio de hacer la vida que quiere, que nuestras niñas tengan más miedo que sus pares varones de salir al parque, y que nuestras mujeres se acuesten más cansadas que sus parejas, en la indolencia de lo cotidiano, quizá podamos escribir el mundo de manera distinta.

 

Fuente: https://www.icesi.edu.co/unicesi/todas-las-noticias/6082-de-monstruos-heroes-y-demonios?fbclid=IwAR2tZ7a6wwN5H2pU7hwKEumeIWkpDQfPNw6rEYySGqgnSl05cP0czoT_P6Y

 

De monstruos, héroes y demonios2020-06-30T15:42:16-05:00

El OEM quiere conocer qué ha significado para tus hijos e hijas el COVID-19*!

¡Las niñas, niños y jóvenes también cuentan! El OEM, en articulación con el CEAF, trabajará durante el mes de junio de 2020 por dar a conocer las percepciones de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes sobre el aislamiento preventivo en Colombia.

El OEM abre la convocatoria para el envío de un vídeo donde de manera voluntaria niños, niñas, adolescentes y jóvenes de Colombia nos narran sus experiencias en el marco de la pandemia por el COVID-19. El plazo máximo para el envío de los vídeos es el día 15 de junio.

Descargue aquí el formato de consentimiento informado

Si tiene alguna pregunta o desea obtener información adicional puede comunicarse con nuestra coordinadora de incidencia Salomé Arias-Arévalo y al correo electrónico: msarias@icesi.edu.co

Si tienes hijos o hijas entre 6 y 17 años, envíanos un vídeo de ellos/as respondiendo las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál sería tu consejo al Alcalde de tu ciudad para manejar el confinamiento preventivo?

  • ¿Cómo ha cambiado tu vida estos dos últimos meses en casa? ¿Cómo te has sentido?

¿Cómo nos envías tu vídeo?

  • Como cuidador principal, diligencia el formato de autorización de publicación.

  • Graba el vídeo de forma horizontal con tu celular.

  • Que tus hijas e hijos nos cuenten lo más importante para ellos(el vídeo debe ser máximo de 50 segundos).

  • Busca un espacio tranquilo y silencioso para grabar a tus hijos e hijas, ¡un espacio de tu hogar que les guste!

  • Envía el vídeo y el formato de autorización a info@oemcolombia.com.

Si tienes entre 18 y 22 años, envíanos un vídeo respondiendo las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál sería tu consejo al Alcalde de tu ciudad para manejar el confinamiento preventivo?

  • ¿Cómo ha cambiado tu vida estos dos últimos meses en casa? ¿Cómo te has sentido?

¿Cómo nos envías tu vídeo?

  • Diligencia el formato de autorización de publicación.

  • Graba el vídeo de forma horizontal con tu celular.

  • Cuéntanos lo más importante para ti (el vídeo debe ser máximo de 50 segundos).

  • Busca un espacio tranquilo y silencioso para grabarte, ¡un espacio de tu hogar que te guste!

  • Envía el vídeo y el formato de autorización a info@oemcolombia.com.

El OEM quiere conocer qué ha significado para tus hijos e hijas el COVID-19*!2020-06-17T14:50:32-05:00

Ofelia no está sola

Te invitamos a conocer esta estrategia de la Fundación WWB Colombia que ha sido creada con el fin de entregar herramientas para la prevención y atención en caso de ser o conocer a una persona víctima de cualquier tipo de violencia.

“Ofelia no está Sola” es un manual que recrea a través de una historieta la situación de violencia intrafamiliar que afronta Ofelia, a lo largo de la historia se presentan los 3 pasos para acceder a una atención por parte de las instituciones encargadas.

 

Fuente: https://www.fundacionwwbcolombia.org/ofelia-no-esta-sola/

Ofelia no está sola2020-05-26T11:26:25-05:00

sobre trata de personas y actividades conexas

Ley 79

La ley n°79 adopta medidas para la prevención de la victimización, revictimización y la protección y asistencia a las víctimas y posibles víctimas de trata de personas, panameñas o extranjeras en territorio panameño, o trasladadas al territorio nacional y panameñas en el exterior, y eleva a tema de Estado la Política Nacional contra la Trata de Personas. Otorga también una protección migratoria y el derecho a permanecer en el territorio nacional para las víctimas de la trata.

sobre trata de personas y actividades conexas2019-07-02T14:07:36-05:00
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