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¿En guerra nadie gana, todos perdemos igual? A la memoria de Juliana Giraldo Ortiz

Las instituciones pesan. En estas pesan las personas, los procesos, los saberes que las sustentan. Los hechos presentados en Colombia en los últimos meses nos demuestran la enorme distancia que existe entre lo ideal y lo real. El Estado de acuerdo a algunas teorías políticas modernas surgió como un acuerdo entre individuos para poner orden  a la amenaza constante del caos y la autodestrucción. Dicho de otro modo, el individuo es para su prójimo un peligro. Por ello, con el fin de contrarrestar la amenaza que representa una persona para la otra, todas ellas optaron por un pacto que consistía en no usar la violencia directamente la una contra la otra. Esta última podría ser ejercida legítimamente por aquella institución que hoy llamamos Estado. Así, tenemos como resultado final que el Estado tiene como función primaria proteger a sus habitantes de amenazas externas e internas por medio de sus fuerzas armadas (policía y ejército). Ellos están al servicio de la ciudadanía y de la protección de la vida misma. Sin embargo, la brecha de esta función ideal y la realidad en Colombia es abrumadora.

Los datos son devastadores. De acuerdo con El Espectador, entre el 2017 y 2019 han muerto 639 personas en manos de la policía en todo el territorio nacional. Durante los últimos meses los nombres de Dilian Cruz, Javier Ordoñez, la niña Embera de 11 años abusada sexualmente por siete militares son evidencias claras y dicientes sobre las fallas institucionales. Para poner un ejemplo más próximo, según el medio de comunicación Pulzo, durante el mes de abril de este año, en pleno confinamiento, en Cali una mujer fue abusada sexualmente en un CAI muy cercano a las instalaciones de nuestro Observatorio. En el conflicto armado, de acuerdo al Centro de Memoria Histórica, en nuestro país se han presentado 15.738 víctimas de violencia sexual; 117.719 asesinatos selectivos, 24.447 masacres, 8.118 desapariciones. Por otro lado, según datos de Colombia Diversa, entre 1993 al 2020 se han presentado 2.013 víctimas de casos de homicidios, amenazas y violencia policial contra la comunidad LGTBIQ. Hoy deseamos ponerle un nombre a estas cifras que logran evidenciar el carácter sistémico de estas fallas: Juliana Giraldo es una historia que nos permite ubicar una identidad, una historia, un nombre y unos dolores particulares que evidencian, junto con estas cifras, la urgencia de la transformación de nuestras instituciones y de nuestras formas más arraigadas de entender el mundo.

Otro acuerdo, o contrato social, histórico y sistemático que ha estructurado una forma homogénea de ver y vivir el mundo recae en una lógica clasificatoria de corte binario. Es decir,  la idea de que la realidad social solo puede ser organizada y valorada a partir de las categorías blanco-negro, masculino-femenino. Lógica clasificatoria impuesta bajo la mirada dominante de una supremacía blanca y heterosexual. Así, todo aquello que se atreve a existir por fuera de dicho marco social o cualquier intento por revertirlo es anulado por las instituciones. Sin embargo, esta pugna no solamente ocurre a nivel institucional, sino también subrepticiamente en nuestras interacciones más cotidianas. Todo esto con el fin de reforzar los acuerdos de lo que supuestamente la vida debería ser.

No obstante, no debemos olvidar que como sociedades hacemos cambios socioculturales a través de las distintas rupturas históricas que las fuerzas sociales expresan. En ese sentido, el contrato heterosexual y cisgénero también ha sido puesto en revisión desde distintos activismos feministas y LGBTI. En dicha tarea han denunciando reiteradamente las múltiples violencias físicas y psicológicas que tienen que vivir por un mundo que promueve una mirada binaria de la sexualidad y los cuerpos, lo que implica vivir en el rechazo, la vergüenza, la violencia y la deshumanización. Así, el asesinato de Juliana Giraldo nos muestra las fallas institucionales, transversales e históricas; nos ejemplifica el peso de las falencias institucionales sobre la vida de las personas. Asimismo, como sociedad no nos basta con quitar una vida injustamente sino que nos resulta necesario también romper con su memoria al no nombrar y respetar su identidad de género. En consecuencia, irrespetamos el dolor de todas y todos aquellos que la amaban.

Esta situación solo evidencia que las instituciones, para dirigir la vida social y política, siguen basándose en contratos obsoletos sin ponerlos en cuestión. De igual forma, no podemos olvidar que son estas las que cuentan con el peso histórico del poder, el uso de la violencia y la legitimidad. De ahí que se generen relaciones asimétricas entre quienes quieren transformar esos pactos sociales y las instituciones mismas. Por ello, estas formas de entender el mundo están destinadas a reconfigurarse en formas más dignas y justas de habitar la vida.

Desde el OEM trabajamos para generar cifras, cambiar instituciones y dignificar la vida de personas hacia mejores condiciones, materiales y simbólicas de vida, más equitativas y justas. Nuestras sociedades son cada vez más conscientes de las brechas que existen entre el ideal del Estado colombiano y su realidad. Asimismo, somos más conscientes de cómo las instituciones también recaen sobre las personas que las encarnan. Les transmiten formas de entender el mundo para poder hacer el ejercicio que les compete. Rita Segato, antropóloga feminista, en su artículo Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, afirma que el uso de pedagogías de la crueldad sobre los individuos que encarnan las instituciones—adicionalmente en su formación para replicarlas—se fundamenta en convertir la vida en un objeto fácilmente despojable de dignidad. Así, la guerra y sus instituciones dentro de la ley o por fuera de ella nos muestran día a día la necesidad de transformar los acuerdos sociales que nos han regido en el pasado tanto a las instituciones como a los individuos, replantear formas más dignas, equitativas y pacíficas de vivir el mundo porque al mirar el ejercicio de la guerra o el uso de la violencia de cerca es claro que la guerra nos afecta a todos y todas. Sin embargo, es asimétrica y desigual: distribuye dolores y pérdidas de manera más sistemáticas y crueles en aquellos y aquellas que piensan y se ubican en el mundo por fuera de lo masculino/femenino, blanco y heterosexual.

Equipo OEM

Observatorio para la Equidad de las Mujeres

Santiago de Cali, 28 de septiembre de 2020.

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¿En guerra nadie gana, todos perdemos igual? A la memoria de Juliana Giraldo Ortiz2020-09-30T09:52:15-05:00

Estándares de protección de derechos humanos de las mujeres: herramientas necesarias para la defensa de su participación política

Uno de los elementos necesarios para alcanzar la equidad de género es la participación política.

Este documento nos muestra las diferentes decisiones que tribunales a través del mundo han tomado en relación a la violencia política que sufren las mujeres. Estas violencias han mutado a través del tiempo, desde la época en que las mujeres no tenían derecho a votar o participar en política, debido a los estereotipos que relegaban a la mujer al ámbito de lo privado y el hogar, hasta ahora.  Las mujeres todavía se enfrentan a retos colosales para acceder a cargos de participación política de manera equitativa. Desde la violencia simbólica ejercida por los medios de comunicación al juzgar a las mujeres por condiciones no relevantes para el ejercicio de estos cargos (como la apariencia física, vida sexual, entre otras), la presión para la renuncia a cargos, la quema de materiales electorales, el uso de la violencia sexual como intimidación a candidatas hasta el hecho de coartar a las mujeres para no votar o votar en contra de su voluntad, son solo algunos ejemplos de las violencias diferenciadas que las mujeres aun tenemos que vivir en el día a día.

En el documento también se encontrarán definiciones amplias de las distintas violencias que sufren las mujeres en general, no solo en la política, y los deberes específicos que los estados tienen con las mujeres, para prevenir y castigar los distintos hechos, basados en diversas decisiones de tribunales internacionales y latinoamericanos. Estas decisiones nos muestran como la justicia y el acceso a ella también pueden estar sesgadas por diversos estereotipos, así como precedentes claros de puede aplicarse la perspectiva de género, especialmente en casos de violencia sexual. Desde el OEM, lo consideramos una guía clave para seguir avanzando en la construcción de una justicia equitativa y una participación efectiva de las mujeres en el ámbito político, sin discriminación.

Estándares de protección de derechos humanos de las mujeres: herramientas necesarias para la defensa de su participación política2020-08-25T14:44:27-05:00

Rutas de atención a violencias basadas en género

Desde el inicio del confinamiento hemos asistido a un recrudecimiento de las violencias basadas en género. A la crisis sanitaria y económica se suma la crisis social que está afectando de manera desproporcionada a las mujeres, dejando a muchas sin recursos para su sobre vivencia y en mayor dependencia de otros que en muchos casos son sus propios maltratadores. Este escalamiento de la violencia tiene sus causas en relaciones históricas de poder patriarcal que hoy con la conjugación de estas crisis se hace más severa.

Teniendo en cuenta lo anterior, algunas instituciones del Estado han diseñado rutas de acción que permitan prevenir y actuar frente a estos hechos de violencia. Si conoces a alguna mujer, niña o adolescente que este sufriendo violencia o si tú misma estas sufriendo de estas violencias comunícate a estos números para recibir ayuda.

Rutas de atención a violencias basadas en género2020-08-25T12:37:57-05:00

Aniversario OEM

Aniversario OEM

El OEM fue lanzado el 20 de junio de 2019, como unidad académica encargada de la generación y el análisis de datos sobre brechas de género en el Valle del Cauca. En su año de funcionamiento, estos han sido sus principales logros:

  • Encuestas de género

  • Pioneros en generación de datos

  • Reconocimiento

  • Financiación

  • Alianzas

  • Publicaciones, semillero y consultorias

  •  Incidencia en Planes de Desarrollo

  • Red de asesores/ aliados

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Aniversario OEM2020-06-29T12:11:06-05:00

La partería en época de COVID-19

Asociaciones de parteras en el Pacífico dicen que durante la cuarentena han atendido más nacimientos porque a las mujeres les da miedo ir a hospitales. Preocupa que no cuentan con elementos de protección.

 

“La atención de los partos se ha disparado durante la cuarentena. Estamos recibiendo muchos más niños que antes. Estoy recogiendo los datos en Chocó. Hay mujeres que atendían partos ocasionalmente y ahora reportan seis a la semana”, afirma Manuela Mosquera Moreno, partera desde hace 20 años y fundadora de la Asociación de la Red Interétnica de Parteras y Parteros de Chocó (Asorediparchocó).

 

A pesar de los cambios culturales y la modernización de la medicina, este conocimiento ancestral que llegó a la región Pacífica desde África no solo ha logrado mantenerse a través de los años, sino que en momentos en el país atraviesa una crisis sanitaria por cuenta de la pandemia, se ha convertido en una opción para muchas mujeres que prefieren no acudir a hospitales y clínicas ante el posible riesgo de contagio. “Las embarazadas tienen dos problemas: el miedo a contagiarse y que muchas no logran trasladarse a los centros de salud por los costos de transporte. Igual nosotras las incentivamos a ir al médico”, afirma Liceth Quiñones, vocera de la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa).

 

Los saberes asociados con la partería afro del Pacífico son Patrimonio Inmaterial de la Nación. El Ministerio de Cultura reconoció en la Resolución 1077 del 25 de abril 2017 que “el carácter religioso presente en los santos, santas y los rezos que acompañan el oficio de la partería son elementos importantes de la espiritualidad en la que se sustentan los saberes propios de esta manifestación cultural” y que “para las comunidades negras del Pacífico el parto atendido a través de una partera o partero tradicional funda y reafirma el vínculo con el territorio”.

 

Mosquera fundó Asorediparchocó en 2010, actualmente hay más de 820 mujeres y hombres inscritos, la mayoría son afros, pero también hay indígenas; la Asociación ha contado con el apoyo de Profamilia y algunos organismos de las Naciones Unidas. Para ella, la importancia de las parteras radica en el vínculo de confianza que se establece con la familia y la conexión con el territorio.

 

“La atención de los partos se ha disparado durante la cuarentena. Estamos recibiendo muchos más niños que antes. Estoy recogiendo los datos en Chocó. Hay mujeres que atendían partos ocasionalmente y ahora reportan seis a la semana”, afirma Manuela Mosquera Moreno, partera desde hace 20 años y fundadora de la Asociación de la Red Interétnica de Parteras y Parteros de Chocó (Asorediparchocó).

 

A pesar de los cambios culturales y la modernización de l medicina, este conocimiento ancestral que llegó a la región Pacífica desde África no solo ha logrado mantenerse a través de los años, sino que en momentos en el país atraviesa una crisis sanitaria por cuenta de la pandemia, se ha convertido en una opción para muchas mujeres que prefieren no acudir a hospitales y clínicas ante el posible riesgo de contagio. “Las embarazadas tienen dos problemas: el miedo a contagiarse y que muchas no logran trasladarse a los centros de salud por los costos de transporte. Igual nosotras las incentivamos a ir al médico”, afirma Liceth Quiñones, vocera de la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa).

Los saberes asociados con la partería afro del Pacífico son Patrimonio Inmaterial de la Nación. El Ministerio de Cultura reconoció en la Resolución 1077 del 25 de abril 2017 que “el carácter religioso presente en los santos, santas y los rezos que acompañan el oficio de la partería son elementos importantes de la espiritualidad en la que se sustentan los saberes propios de esta manifestación cultural” y que “para las comunidades negras del Pacífico el parto atendido a través de una partera o partero tradicional funda y reafirma el vínculo con el territorio”.

 

Mosquera fundó Asorediparchocó en 2010, actualmente hay más de 820 mujeres y hombres inscritos, la mayoría son afros, pero también hay indígenas; la Asociación ha contado con el apoyo de Profamilia y algunos organismos de las Naciones Unidas. Para ella, la importancia de las parteras radica en el vínculo de confianza que se establece con la familia y la conexión con el territorio.

 

Carmen Lucía Osorio, partera hace 35 años, dice que ha visto nacer a 1.071 bebés, cuenta que muchas mujeres acuden a las parteras porque se sienten más acompañadas e incluso ella tuvo en casa a nueve de sus 11 hijos. “Por lo general recibo un parto al mes, pero con la cuarentena han aumentado. He recibido a siete bebés desde marzo hasta hoy”, cuenta. Agrega que las mujeres que atiende normalmente se realizan controles en el hospital y que la idea es que tengan las dos opciones para que decidan en qué lugar quieren realizar el parto.

 

Francisca Eulalia Córdoba, quien vive en Istmina (Chocó) y es partera desde hace 33 años, tiene entre sus cálculos haber recibido 61 niños desde que empezó el aislamiento preventivo obligatorio y a lo largo de su vida ha asistido más de 7 mil partos.

 

Desde hace varias semanas, doña Pacha, como la conocen en el municipio, está recibiendo a los bebés en el centro de salud bajo supervisión médica. Ella aprendió el oficio de su abuela y considera que la confianza es una de las razones por las que las mujeres deciden dar a luz con el acompañamiento de una partera: “Confían en nosotras, en los remedios tradicionales. Muchas vienen de otros municipios a buscarme para que las atienda”.

 

Mery Ortega, por ejemplo, tuvo en casa a su tercer hijo el 22 de mayo, con el acompañamiento de Carmen Lucía Osorio. “Este es el segundo hijo que tengo con partera, tomé la decisión porque me hace sentir más segura”, señala.

 

“Nuestro objetivo principal es la resignificación de la partería, que no se pierda la tradición, que las parteras reciban formación y acompañamiento. Buscamos unir la medicina occidental con la medicina tradicional, y que se respete nuestro conocimiento”, afirma Mosquera, quien actualmente cursa una maestría en salud sexual y reproductiva. Este conocimiento ancestral les permite a las parteras brindar atención a las mujeres en otros procesos como el ciclo menstrual, embarazo, parto o menopausia, incluso remedios para curar otros males.

 

Para Quiñones la partería se vincula con las dinámicas naturales de vida de los territorios étnicos en Colombia. “Tiene que ver con la espiritualidad, alrededor de los cuidados, el uso de plantas medicinales, cantos tradicionales, toda nuestra medicina circula alrededor del territorio”, afirma. Asoparupa se creó hace 32 años y actualmente agrupa a 254 personas, su objetivo es salvaguardar y proteger la labor de las parteras tradicionales.

 

Quiñones explica que quieren tener autorregulación, recibir acompañamiento del Gobierno y contar con un sistema propio de trabajo de formación y vinculación. La Asociación está articulada a la Red Latinoamericana de Parteras, “es pionera en los avances en política pública. Logramos que la partería se incluyera dentro de la agenda cultural a través de la lista representativa de Patrimonio Cultural e Inmaterial de Colombia”, afirma.

 

Manifiesta, además, que la mayoría de las parteras no viven de ese oficio, tienen otros trabajos y ahora no están recibiendo ingresos. “Las parteras estamos en riesgo, no tenemos apoyo para elementos de bioseguridad, las personas de la comunidad vienen a que las atendamos con o sin elementos de protección. Algunas han sido amenazadas y obligadas a atender a la población que hace parte del conflicto armado”, señala.

 

En otras regiones del país la tradición también se mantiene. Apolinar Elías Ribadeneira, médico y habitante del corregimiento de Nazareth, Uribia (La Guajira), cuenta que desde 2017 tiene cercanía con las parteras wayuus por una iniciativa de la Secretaría municipal de Uribia y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). En ese momento capacitaron a las parteras con el apoyo de un ginecólogo y un pediatra, también se les entregó un kit con elementos útiles para su oficio. El objetivo era minimizar las muertes perinatales y crear un vínculo para que las parteras recomendaran a las mujeres wayuus a asistir al médico para el control posparto.

Ribadeneira reconoce que lo ideal es poder atender los partos en el hospital, pero entiende las tradiciones de las comunidades indígenas y la dificultad de acceso al sistema de salud en zonas rurales. Para él, esas capacitaciones pueden salvar vidas y considera que debería haber más esfuerzo estatal para que estos talleres se realicen constantemente.

 

Yenyffer González Reyes, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Universidad CES Medellín, señala la importancia de que las mujeres tengan información pertinente para decidir sobre el parto. “Con los partos programados en casa existe el doble de riesgo de muerte perinatal y un riesgo tres veces mayor de convulsiones neonatales o disfunción neurológica”. También explica que hay tres situaciones en las cuales está contraindicado tener un parto en casa, estos los describe el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos: casos en los que el bebé no esté de cabeza, que el embarazo sea múltiple y que la mujer haya tenido antes un parto por cesárea. Tampoco es recomendable realizar un parto en caso cuando la madre tiene comorbilidades asociadas como hipertensión, diabetes u obesidad.

 

González menciona que el riesgo de ruptura uterina y mortalidad fetal después de que la mujer ha tenido un parto por cesárea es de 0.13 por cada mil nacimientos en los partos atendidos en el hospital, versus un 2.9 por cada mil para los partos programados en casa. También señala que aumenta el riesgo porque en caso de presentarse una complicación el personal especializado tiene las herramientas para atenderla, también es más probable que haya infección en un ambiente no esterilizado o que los signos de alarma no se detecten a tiempo por la falta de monitoreo y haya pérdida de bienestar durante el parto, generando afectación psicomotriz en el bebé.

 

La especialista recomienda que los partos sean atendidos por profesionales en el hospital y en caso de que la madre decida programarlo en casa, aconseja que cuente con toda la información pertinente sobre los riesgos y que tenga transporte a la mano para poder llegar a un centro médico en caso de que se presenten complicaciones. La doctora también señala que muchas mujeres embarazadas sienten temor a enfrentarse a diferentes barreras en el sistema de salud, pero dice que los ginecólogos buscan mejorar las condiciones, apuntando a un “parto humanizado”, para que la experiencia de la madre sea más satisfactoria.

 

Esta tradición, que se resiste a morir, no solo ha tomado fuerza durante la cuarentena, sino que es parte de la cultura del Pacífico y tiene un valor incalculable para las mujeres que lo practican. El saber tradicional se alimenta de prácticas médicas, algunas de ellas se nutren de los conocimientos científicos o les recomiendan a las embarazadas consultar a su médico. Al hablar sobre la partería es necesario incluir en la discusión las inquietudes de las asociaciones y la importancia que tiene su conocimiento para las comunidades.

 

Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/nacional/la-parteria-en-epoca-de-covid-19-articulo-922842

La partería en época de COVID-192020-06-08T20:34:41-05:00

La violencia económica y patrimonial es otra forma de agresión contra las mujeres

Un estudio realizado en las ciudades de Riohacha, Buenaventura y Cartagena asegura que ellas tienen que afrontar principalmente la inasistencia alimentaria y la retención de documentos.

 

Las mujeres en Colombia también son víctimas de la violencia económica y patrimonial, una forma de agresión de la poco se habla y que ha sido invisibilizada también por los problemas de acceso a la justicia. Este miércoles, en el marco del Día de la Mujer, se llevó a cabo en la Universidad de La Salle de Bogotá el foro “Derechos Económicos de las Mujeres, Retos y Desafíos”, en el que se habló de esta problemática y se presentó un estudio realizado en tres ciudades del país.

 

De acuerdo con los hallazgos, en Riohacha, Buenaventura y Cartagena la población femenina debe afrontar principalmente cuatro formas de violencia: La negación de la manutención o cuota alimentaria a la mujer, la negación de los bienes adquiridos durante la unión conyugal o marital de hecho (incluso ocultar bienes), el desconocimiento del salario justo por el trabajo realizado, y la retención de los documentos personales y de identificación de la mujer como visas y pasaportes.

 

La violencia económica consiste precisamente en abusar económicamente, tener un control abusivo de las finanzas o castigar monetariamente a las mujeres. La Corte Constitucional se pronunció sobre esto el año pasado, y aseguró que el hombre utiliza su poder económico para controlar las decisiones y los proyectos de vida de su pareja.

 

“Es una forma de violencia donde el abusador controla todo lo que ingresa al patrimonio común, sin importarle quién lo haya ganado. Manipula el dinero, dirige y normalmente en él radica la titularidad de todos los bienes. Aunque esta violencia también se presenta en espacios públicos, es en el ámbito privado donde se hacen más evidentes sus efectos”, aseveró el documento.

 

Sumada a esta problemática, en Buenaventura la violencia contra ellas “sale del ámbito de la familia y se agudiza con la extorsión por parte de actores armados, a mujeres emprendedoras que han logrado pequeños negocios”.

 

Las barreras en el acceso a la justicia continúan. Por lo que una de las recomendaciones del documento es que el Estado redoble sus esfuerzos para fortalecer la justicia, en especial las comisarías de familia.

 

Según la Unesco, menos de la mitad de los países del mundo han alcanzado la paridad de género en la educación primaria y secundaria, “las mujeres tienen baja representación en disciplinas científicas y tecnológicas. Sólo el 29% de las investigadoras del mundo son mujeres. El 35% de la población en el mundo ha sido víctimas de violencia física y/o sexual y el 51.6% de pobres en Colombia son mujeres”.

 

Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/nacional/la-violencia-economica-y-patrimonial-es-otra-forma-de-agresion-contra-las-mujeres-articulo-683678

La violencia económica y patrimonial es otra forma de agresión contra las mujeres2020-06-08T20:36:15-05:00

¿Por qué el trabajo realizado por las mujeres no es valorizado?

Hace unas semanas, la revista ‘Forbes’ publicó un artículo sobre las razones por las cuales las mujeres líderes estarían gestionando mejor la crisis del coronavirus. La autora, Avivah Wittenberg-Cox, argumentaba que las líderes de Alemania, Taiwán, Nueva Zelanda, Islandia, Finlandia, Noruega y Dinamarca le estaban mostrando al mundo estilos de liderazgo más empáticos. Concluía diciendo que había que dejar de decirles a las mujeres que se comportaran como los hombres para ser exitosas porque lo que estas líderes estaban demostrando es que las mujeres tienen estilos de liderazgos diferentes y que más bien son los hombres los que deberían aprender de ellas.

 

Este artículo fue replicado por los periódicos más leídos del mundo. Lo que ninguno menciona es que Wittenberg-Cox es la directora de una empresa de consultoría sobre equilibrio de género. Es decir, su trabajo consiste en decirles a las empresas que las mujeres son, por naturaleza, más compasivas y empáticas, y por esto deberían tenerlas en sus juntas directivas. Pero esta no deja de ser una idea sexista.

 

Lo sorprendente es que sea esta noticia sobre las mujeres la que más haya repercutido en la opinión pública, cuando lo realmente impactante, durante la pandemia, ha sido ver la importancia que tienen las actividades del cuidado para la reproducción del capital.

 

La economía del cuidado ha sido un concepto elaborado por las economistas feministas, recogiendo los antiguos debates del feminismo sobre el trabajo doméstico. Se refiere a todas aquellas actividades relacionadas con la reproducción de las personas.

 

Los debates históricos sobre el trabajo doméstico pueden ser divididos en dos grandes vertientes (no significa esto que sean las únicas vertientes que existen). La primera es una crítica feminista dentro del marxismo: la teoría de la reproducción social. Según las feministas marxistas, Marx describió cómo el trabajador se ve obligado a vender su fuerza de trabajo para subsistir y cómo este es explotado por el capitalista para aumentar sus ganancias, pero no explicó cómo esta fuerza de trabajo llega al mercado.

 

El trabajador tuvo que nacer, ser cuidado, amado, alimentado y educado. Todas estas actividades se desarrollan en la esfera privada, conocida como el ‘hogar’. De esta manera, la esfera de la reproducción de la vida está íntimamente ligada con la esfera de producción del capital. Los cambios en una esfera tienen efecto en la otra. Sin este trabajo cotidiano, la economía no podría funcionar y el sistema colapsaría.

 

En los años 70 surgió otra vertiente, motivada por las experiencias al interior de los partidos comunistas y los movimientos de izquierda de la época. Si la liberación de las mujeres llegaría con el advenimiento de la revolución, ¿cómo explicar las múltiples experiencias de machismo vividas por las mujeres en estas organizaciones consideradas revolucionarias? Ultrajadas por las actitudes machistas de sus ‘camaradas’, las mujeres decidieron organizar movimientos de mujeres y pensar en sistemas de opresión basados en el género.

 

Surge aquí la idea de que el patriarcado es un sistema de opresión autónomo y paralelo al sistema de opresión de clase. Más adelante, el feminismo liberal se aprovechará de esta separación analítica para poder hablar de “lucha contra el patriarcado” sin vincularla a una crítica al capitalismo, como lo expliqué en una anterior columna.

 

Así, cuando nos dicen que la economía está paralizada por causa de la pandemia, esto no es del todo cierto. Lo está en la esfera de producción del capital, pero en los hogares el trabajo de cuidados se ha multiplicado y, como siempre, está recayendo sobre los hombros de las mujeres.

 

Según la Encuesta nacional de uso del tiempo, realizada por el Dane, las mujeres, en promedio, dedican diariamente más del doble del tiempo dedicado por los hombres al trabajo de cuidado no remunerado; en las áreas rurales es el triple. Con la pandemia, esos números se han incrementado. El cierre de las escuelas implica que niñas, niños y adolescentes tengan que quedarse en casa, aumentando así el número de horas dedicado a su cuidado; esto sin contar que, en los hogares más pobres, los cuales no cuentan con los medios digitales necesarios para pasar a la educación virtual, este tiempo es mayor. Según datos de la Cepal, en 2017 solo el 52,2 por ciento de los hogares de América Latina y el Caribe tenían acceso a internet.

 

En el caso de la salud, el debate es particularmente importante, pues en el contexto de la pandemia se hacen visibles las consecuencias de los recortes en la salud pública. Dichos recortes inciden directamente en la vida de las mujeres, quienes son las que más cuidan a los enfermos. Cualquier reducción del gasto social del Estado tiene profundas repercusiones en la vida de las mujeres. Vemos claramente cómo toda acción en la esfera productiva repercutirá en la otra esfera, la de la reproducción de la vida, siempre en su detrimento.

 

A la mayoría de los gobiernos de América Latina no les interesa el bienestar de las familias, por eso mantienen los salarios en unos niveles tan bajos que solo permiten que estas puedan subsistir, lo cual repercute en su calidad de vida y en sus tiempos de ocio. La actual pandemia no solo nos deberá permitir visibilizar y valorizar el trabajo del cuidado, también nos deberá permitir avanzar en nuestra lucha por una sociedad más igualitaria.

 

Sara Tufano
Fuente: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/sara-tufano/por-que-el-trabajo-realizado-por-las-mujeres-no-es-valorizado-columna-de-sara-tufano-495180

¿Por qué el trabajo realizado por las mujeres no es valorizado?2020-06-08T16:24:04-05:00

Número de llamadas recibidas por líneas de atención en el contexto de las medidas de aislamiento preventivo por CovSar2 en Colombia

Número de llamadas recibidas por líneas de atención en el contexto de las medidas de aislamiento preventivo por CovSar2 en Colombia

El siguiente apartado ofrece un panorama general del comportamiento de las llamadas recibidas por las líneas de atención 155 de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, 141 del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y del 123 perteneciente a la Policía Nacional. Con el ánimo de ubicar posibles cambios emanados por la condición atípica del confinamiento se presentarán los resultados de las tres líneas desde el 25 de marzo, fecha en que se declaró la medida de aislamiento obligatorio por parte de la Presidencia de la República hasta el 30 de abril, en total 37 días calendario y se compararán a modo de contraste con los datos de las tres líneas para el mismo periodo del año 2019.

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Número de llamadas recibidas por líneas de atención en el contexto de las medidas de aislamiento preventivo por CovSar2 en Colombia2020-06-03T08:21:36-05:00

COVID-19 en la vida de las mujeres Razones para reconocer los impactos diferenciados

La emergencia derivada del COVID-19 está provocando impactos específicos sobre las mujeres y profundizando las desigualdades de género existentes, tanto al interior de los hogares como fuera de ellos, en los hospitales y centros sanitarios, en el trabajo y también en la política. Esta realidad requiere que la participación igualitaria de las mujeres en las decisiones y el enfoque de género sean elementos centrales de las políticas de mitigación y recuperación de la crisis. Las lecciones que han dejado pandemias recientes (Ébola, Zika, SARS) han demostrado que la incorporación de las necesidades de las mujeres en el abordaje de la emergencia no es una cuestión menor. Al contrario, no considerar un enfoque de género profundizará las desigualdades con efectos que se prolongarán en el largo plazo y serán difíciles de revertir.

Las medidas de confinamiento buscan proteger la salud pública y evitar el colapso de los servicios de salud; sin embargo, su aplicación no es neutra desde el punto de vista de género. Los hogares se han convertido en el espacio donde todo ocurre: el cuidado, la educación de los niños, niñas y adolescentes, la socialización, y el trabajo productivo; lo que ha exacerbado la crisis de los cuidados. Se ha incrementado la carga de trabajo relacionada con el cuidado y la atención a las personas, cuya respuesta debería ser colectiva.

Sin embargo, la realidad es que esta no se distribuye equitativamente, sino que recae principalmente en las mujeres, y no está valorada ni social ni económicamente. Fuera de los hogares, las mujeres también constituyen el mayor contingente que está asumiendo los cuidados, en el sector de la sanidad, en el trabajo doméstico remunerado y en centros especializados de cuidado de menores, adultos/as mayores y personas con discapacidad, situación que conlleva impactos diferenciados sobre la salud de las mujeres y las expone a un mayor riesgo de contagio.

Globalmente, las mujeres son más pobres que los hombres y ya están sintiendo los efectos en el ámbito económico y en el mercado de trabajo, también segmentado por género. Las mujeres
representan una gran proporción de la economía informal en todos los países y los datos indican que los sectores de la economía más perjudicados por las medidas de aislamiento social afectan de modo importante a las mujeres. Con independencia del sector, la efectiva participación de las mujeres en el trabajo remunerado que se recupere post COVID-19 será necesario para su empoderamiento económico y para la reactivación económica de los países.

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COVID-19 en la vida de las mujeres Razones para reconocer los impactos diferenciados2020-05-26T11:19:58-05:00
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