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¿En guerra nadie gana, todos perdemos igual? A la memoria de Juliana Giraldo

Las instituciones pesan. En estas pesan las personas, los procesos, los saberes que las sustentan. Los hechos presentados en Colombia en los últimos meses nos demuestran la enorme distancia que existe entre lo ideal y lo real. El Estado de acuerdo a algunas teorías políticas modernas surgió como un acuerdo entre individuos para poner orden  a la amenaza constante del caos y la autodestrucción. Dicho de otro modo, el individuo es para su prójimo un peligro. Por ello, con el fin de contrarrestar la amenaza que representa una persona para la otra, todas ellas optaron por un pacto que consistía en no usar la violencia directamente la una contra la otra. Esta última podría ser ejercida legítimamente por aquella institución que hoy llamamos Estado. Así, tenemos como resultado final que el Estado tiene como función primaria proteger a sus habitantes de amenazas externas e internas por medio de sus fuerzas armadas (policía y ejército). Ellos están al servicio de la ciudadanía y de la protección de la vida misma. Sin embargo, la brecha de esta función ideal y la realidad en Colombia es abrumadora.

Los datos son devastadores. De acuerdo con El Espectador, entre el 2017 y 2019 han muerto 639 personas en manos de la policía en todo el territorio nacional. Durante los últimos meses los nombres de Dilian Cruz, Javier Ordoñez, la niña Embera de 11 años abusada sexualmente por siete militares son evidencias claras y dicientes sobre las fallas institucionales. Para poner un ejemplo más próximo, según el medio de comunicación Pulzo, durante el mes de abril de este año, en pleno confinamiento, en Cali una mujer fue abusada sexualmente en un CAI muy cercano a las instalaciones de nuestro Observatorio. En el conflicto armado, de acuerdo al Centro de Memoria Histórica, en nuestro país se han presentado 15.738 víctimas de violencia sexual; 117.719 asesinatos selectivos, 24.447 masacres, 8.118 desapariciones. Por otro lado, según datos de Colombia Diversa, entre 1993 al 2020 se han presentado 2.013 víctimas de casos de homicidios, amenazas y violencia policial contra la comunidad LGTBIQ. Hoy deseamos ponerle un nombre a estas cifras que logran evidenciar el carácter sistémico de estas fallas: Juliana Giraldo es una historia que nos permite ubicar una identidad, una historia, un nombre y unos dolores particulares que evidencian, junto con estas cifras, la urgencia de la transformación de nuestras instituciones y de nuestras formas más arraigadas de entender el mundo.

Otro acuerdo, o contrato social, histórico y sistemático que ha estructurado una forma homogénea de ver y vivir el mundo recae en una lógica clasificatoria de corte binario. Es decir,  la idea de que la realidad social solo puede ser organizada y valorada a partir de las categorías blanco-negro, masculino-femenino. Lógica clasificatoria impuesta bajo la mirada dominante de una supremacía blanca y heterosexual. Así, todo aquello que se atreve a existir por fuera de dicho marco social o cualquier intento por revertirlo es anulado por las instituciones. Sin embargo, esta pugna no solamente ocurre a nivel institucional, sino también subrepticiamente en nuestras interacciones más cotidianas. Todo esto con el fin de reforzar los acuerdos de lo que supuestamente la vida debería ser.

No obstante, no debemos olvidar que como sociedades hacemos cambios socioculturales a través de las distintas rupturas históricas que las fuerzas sociales expresan. En ese sentido, el contrato heterosexual y cisgénero también ha sido puesto en revisión desde distintos activismos feministas y LGBTI. En dicha tarea han denunciando reiteradamente las múltiples violencias físicas y psicológicas que tienen que vivir por un mundo que promueve una mirada binaria de la sexualidad y los cuerpos, lo que implica vivir en el rechazo, la vergüenza, la violencia y la deshumanización. Así, el asesinato de Juliana Giraldo nos muestra las fallas institucionales, transversales e históricas; nos ejemplifica el peso de las falencias institucionales sobre la vida de las personas. Asimismo, como sociedad no nos basta con quitar una vida injustamente sino que nos resulta necesario también romper con su memoria al no nombrar y respetar su identidad de género. En consecuencia, irrespetamos el dolor de todas y todos aquellos que la amaban.

Esta situación solo evidencia que las instituciones, para dirigir la vida social y política, siguen basándose en contratos obsoletos sin ponerlos en cuestión. De igual forma, no podemos olvidar que son estas las que cuentan con el peso histórico del poder, el uso de la violencia y la legitimidad. De ahí que se generen relaciones asimétricas entre quienes quieren transformar esos pactos sociales y las instituciones mismas. Por ello, estas formas de entender el mundo están destinadas a reconfigurarse en formas más dignas y justas de habitar la vida.

Desde el OEM trabajamos para generar cifras, cambiar instituciones y dignificar la vida de personas hacia mejores condiciones, materiales y simbólicas de vida, más equitativas y justas. Nuestras sociedades son cada vez más conscientes de las brechas que existen entre el ideal del Estado colombiano y su realidad. Asimismo, somos más conscientes de cómo las instituciones también recaen sobre las personas que las encarnan. Les transmiten formas de entender el mundo para poder hacer el ejercicio que les compete. Rita Segato, antropóloga feminista, en su artículo Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, afirma que el uso de pedagogías de la crueldad sobre los individuos que encarnan las instituciones—adicionalmente en su formación para replicarlas—se fundamenta en convertir la vida en un objeto fácilmente despojable de dignidad. Así, la guerra y sus instituciones dentro de la ley o por fuera de ella nos muestran día a día la necesidad de transformar los acuerdos sociales que nos han regido en el pasado tanto a las instituciones como a los individuos, replantear formas más dignas, equitativas y pacíficas de vivir el mundo porque al mirar el ejercicio de la guerra o el uso de la violencia de cerca es claro que la guerra nos afecta a todos y todas. Sin embargo, es asimétrica y desigual: distribuye dolores y pérdidas de manera más sistemáticas y crueles en aquellos y aquellas que piensan y se ubican en el mundo por fuera de lo masculino/femenino, blanco y heterosexual.

Equipo OEM

Observatorio para la Equidad de las Mujeres

Santiago de Cali, 28 de septiembre de 2020.

¿En guerra nadie gana, todos perdemos igual? A la memoria de Juliana Giraldo2020-10-01T20:33:31-05:00

Estándares de protección de derechos humanos de las mujeres: herramientas necesarias para la defensa de su participación política

Uno de los elementos necesarios para alcanzar la equidad de género es la participación política.

Este documento nos muestra las diferentes decisiones que tribunales a través del mundo han tomado en relación a la violencia política que sufren las mujeres. Estas violencias han mutado a través del tiempo, desde la época en que las mujeres no tenían derecho a votar o participar en política, debido a los estereotipos que relegaban a la mujer al ámbito de lo privado y el hogar, hasta ahora.  Las mujeres todavía se enfrentan a retos colosales para acceder a cargos de participación política de manera equitativa. Desde la violencia simbólica ejercida por los medios de comunicación al juzgar a las mujeres por condiciones no relevantes para el ejercicio de estos cargos (como la apariencia física, vida sexual, entre otras), la presión para la renuncia a cargos, la quema de materiales electorales, el uso de la violencia sexual como intimidación a candidatas hasta el hecho de coartar a las mujeres para no votar o votar en contra de su voluntad, son solo algunos ejemplos de las violencias diferenciadas que las mujeres aun tenemos que vivir en el día a día.

En el documento también se encontrarán definiciones amplias de las distintas violencias que sufren las mujeres en general, no solo en la política, y los deberes específicos que los estados tienen con las mujeres, para prevenir y castigar los distintos hechos, basados en diversas decisiones de tribunales internacionales y latinoamericanos. Estas decisiones nos muestran como la justicia y el acceso a ella también pueden estar sesgadas por diversos estereotipos, así como precedentes claros de puede aplicarse la perspectiva de género, especialmente en casos de violencia sexual. Desde el OEM, lo consideramos una guía clave para seguir avanzando en la construcción de una justicia equitativa y una participación efectiva de las mujeres en el ámbito político, sin discriminación.

Estándares de protección de derechos humanos de las mujeres: herramientas necesarias para la defensa de su participación política2020-08-25T14:44:27-05:00

Rutas de atención a violencias basadas en género

Desde el inicio del confinamiento hemos asistido a un recrudecimiento de las violencias basadas en género. A la crisis sanitaria y económica se suma la crisis social que está afectando de manera desproporcionada a las mujeres, dejando a muchas sin recursos para su sobre vivencia y en mayor dependencia de otros que en muchos casos son sus propios maltratadores. Este escalamiento de la violencia tiene sus causas en relaciones históricas de poder patriarcal que hoy con la conjugación de estas crisis se hace más severa.

Teniendo en cuenta lo anterior, algunas instituciones del Estado han diseñado rutas de acción que permitan prevenir y actuar frente a estos hechos de violencia. Si conoces a alguna mujer, niña o adolescente que este sufriendo violencia o si tú misma estas sufriendo de estas violencias comunícate a estos números para recibir ayuda.

Rutas de atención a violencias basadas en género2020-08-25T12:37:57-05:00

Hombres sin etiquetas, una mirada a las nuevas masculinidades

Aunque la idea de que un hombre debe ser fuerte y poco expresivo sigue vigente en la sociedad en general, hoy, algunos hombres buscan maneras distintas de expresar y ejercer su masculinidad dejando atrás estereotipos.

La noción de masculinidad que predomina aún es “un conjunto de ideas construidas e impuestas, que inciden en los comportamientos, en las prácticas y en las formas de relacionarse de los hombres”, opina Gustavo Calle Quintero, promotor de masculinidades no violentas de la Secretaría de Mujer, Equidad y Género del Valle.

Este tipo de masculinidad no solo ha generado presión en los hombres por tener que alcanzarla, sino que también perpetúa la desigualdad entre varones y mujeres.

Raúl Félix Tovar, psicólogo y director de la ‘Corporación viviendo’, expresa que la idea del varón que debe hacer valer su hombría o que en una relación es él quien debe llevar “los pantalones” “hace que, infortunadamente, se llegue a la violencia contra la mujer. Y los feminicidios, me atrevo a decir, tienen que ver con esta figura”, expresa Tovar.

Por eso hoy, acota Nancy Faride Arias, subsecretaria de Equidad de Género se debe hablar de “masculinidades diversas, porque no es una sola, existen múltiples y diferentes expresiones de masculinidades”.

Los hombres les apuestan cada vez más a masculinidades diversas que generen un espacio más equitativo. Desde la forma en que se visten y se muestran, hasta sus comportamientos y los roles que asumen en la sociedad.

Las masculinidades y sus expresiones

En sus fotos de redes sociales, se ve a Andrés Fuelantala Medina vistiendo faldas, tacones y blusas cortas porque lo hacen sentir más lindo. También se puede leer en su perfil :“luchando contra la masculinidad tóxica”, seguido de “No soy gay”. “Puse estas frases para generar un choque, para que la gente se pregunte: ¿este chico por qué hace esto, si eso no es lo que esperamos que haga? A veces hay que molestar a la gente para que se ponga a pensar un poco”.

Esta relación de los hombres con las prendas de mujeres viene de tiempo atrás, siendo un ejemplo, la aristocracia del siglo XVIII, en la que los varones vestían tacones, pelucas voluminosas y maquillaje. Aún en países como Escocia, Irlanda y Grecia, los hombres usan faldas.

Por mucho tiempo reprimió su gusto hacia las prendas femeninas por su familia, por la sociedad y por el qué dirán, pero ahora está convencido de que no debe ceñirse a un modelo femenino o masculino. “Esta figura de la masculinidad dominante está tan enaltecida que nos dicen que debemos buscarla siempre, por eso es chocante cuando alguien busca lo contrario”.

Por su parte, Nicolás Colonia, estudiante de Comunicación Social y Periodismo, de la mano de la fotografía aprendió a conocer su cuerpo y sus emociones “siempre he hecho lo que he querido y no lo que debería hacer, entonces nunca me ha dado pena o miedo mostrar actitudes diferentes”, asegura. Las manos que tanto retrata las adorna con esmaltes que unta en sus uñas con ayuda de su madre.

Su recorrido artístico le permitió cambiar la forma en la que expresa el afecto hacia sus amigos hombres, pues, poco a poco, comenzó a mostrarles su fraternidad mediante abrazos. “Las primeras reacciones eran de rechazo, pero luego vieron que era una muestra de afecto”, comenta.

Sobre esto, Raúl Suárez Tarazona, psicólogo y líder de la escuela de formación de masculinidades ‘Mayra Barahona Rodríguez’ en jardines infantiles de Bogotá, recalca que los sentimientos son propios de los seres humanos y no solo de las mujeres como se suele decir a los hombres, a quienes “se les debe permitir expresar sentimientos más allá de la furia, la valentía y el riesgo, pues de lo contrario, pierden la posibilidad de ser empáticos”, expresa.

Las masculinidades, los oficios y profesiones

Alejandro Tovar estudió Diseño de Modas motivado por su sueño de hacer una marca masculina que fuera de fácil acceso y diferente. Sin embargo, los comentarios de extrañeza de sus amigos y conocidos no se hicieron esperar. “Yo era el prototipo de muchacho que jugaba fútbol y por eso me decían: ¡’¿en serio vas a estudiar Diseño de Modas?’!”

En la industria de la moda “se hizo minoría” que hombres heterosexuales estudien diseño de moda y está presente el estereotipo de que si no se es mujer o si el hombre no es gay, no tendrá las mismas aptitudes artísticas.

Si bien el número de graduados en carreras profesionales afines a las Bellas Artes casi se ha duplicado en los últimos diez años, según cifras del Dane en su ‘Compendio estadístico de la Educación Superior Colombiana’, aún son las mujeres quienes sobresalen en su escogencia.

“Fue muy difícil estudiar Diseño de Modas siendo heterosexual, me decían que solo había ingresado a la carrera para conocer mujeres, e incluso, en las prácticas, no me aceptaban en ningún lado, no porque no tuviera talento, sino por el simple hecho de ser hombre y no ser homosexual”.

Por su parte, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos estipula en su página web que los estereotipos de género como este “limitan la capacidad de hombres y mujeres para desarrollar sus facultades personales, realizar una carrera profesional y tomar decisiones acerca de sus vidas”.

Sebastián Sánchez también dejó atrás estereotipos. Desde que tiene uso de razón encontró en el orden y en la limpieza un gran gusto y al mudarse a Nueva York y ser consciente de las falencias en los servicios de limpieza en ‘La Gran Manzana’, acordó con su pareja que en su casa él se encargaría de las tareas del cuidado de hogar.

Pensando en emprender, una noche antes de irse a la cama decidió que montaría una empresa de Housekeeping (limpieza de casas). “Pensé en que era bueno limpiando, pero me preocupaban mucho los estereotipos, al ser hombre y latino. Aquí dicen: “nadie limpia como niña” o sea, nadie limpia como las latinas”.

La participación del hombre en el trabajo doméstico es todavía menor con respecto a la de la mujer. El Dane en La Gran Encuesta Integrada de Hogares mostró que en el periodo marzo-mayo de este año, 36.000 hombres ocuparon cargos de empleado doméstico frente a 388.000 mujeres.

Y a su vez, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad Icesi, en su última encuesta del año pasado, reflejó que los hombres tenían una participación en las actividades del hogar 7 veces menor que las mujeres.

“Socialmente creemos que la mujer es la que cuida de la casa y de los hijos, pero la experiencia en mi casa y con mi empresa de limpieza ha demostrado que un hombre puede traer al hogar, igual o más amor que las mujeres”, dice Sánchez.

Las masculinidades, el cuidado y la estética

En la rutina diaria de Christian Marmolejo, artista y protagonista del musical teatral ‘Juan Caracol’, no puede faltar el maquillaje, a través del corrector, la base y el polvo y a veces las sombras y el delineador, reivindica su derecho a lucir bien y a sentirse más “lindo y sensual”.

Los hombres tienen cada vez más protagonismo en la industria cosmética. Marcas como Chanel, Givenchy, L’Oréal, han alzado la voz para decir que el maquillaje es democrático, sacando al mercado sus propias líneas masculinas. Entre los hombres más reconocidos del mundo del maquillaje se encuentran Jeffree Star y James Charles, que a través de Youtube han dado a conocer su talento, logrando tener su propia marca de maquillaje ‘Jeffree Star Cosmetics’ y convirtiéndose en el primer embajador masculino de ‘CoverGirl’, respectivamente.

El día en que Christian tomó la decisión de asistir a una reunión familiar maquillado, muchos murmuraron, pero hoy, gracias a su promesa de “ser y defender realmente quien es”, sus familiares han sido más conscientes de la existencia de la diversidad.

“Es aterrador que te estén obligando a reprimir lo que eres, la vida es muy corta como para vivir una que no te corresponde, solo cuando los hombres y las mujeres podamos actuar libremente, se abrirá el espectro de pensamiento que tenemos frente a las cosas”.

Otro de los temas que no suele asociarse con lo masculino es el cuidado y la preocupación por la presentación personal, pero como lo dice Carlos Charria Holguín, diseñador de la comunicación gráfica, “el cuidado es un tema de todos, eso no te quita testosterona”.

“Mis amigos pensaban que iba a volverme homosexual solo por cuidarme, pero a mí no me importaba. A veces, cuando ellos me llamaban para jugar fútbol, les decía que no podía porque estaba en mi rutina haciéndome una mascarilla”.

En las mañanas lava su cara con jabón de carbón, luego, entra a la ducha donde usa dos tipos de acondicionador y cuando termina su baño, la crema corporal, el bloqueador y la crema de peinar para su cabello y sus cejas, no pueden faltar.

La industria del cuidado masculino, aunque no es muy fuerte en Colombia, cifras de Euromonitor International apuntan que en nuestro país habrá un crecimiento del 3,6 % durante el próximo año, alcanzando ventas por US$1779 millones.

El Valle frente a la masculinidad

La Subsecretaría de Equidad de Género de Cali, enfocándose en las masculinidades no violentas y no tradicionales, lleva procesos educativos con escuelas de formación en las que se reflexiona sobre cómo se vive cotidianamente el ser hombre. Además, ha trabajado con una empresa de taxis de la ciudad en la formación en equidad de género a 350 taxistas.

Otra de las iniciativas que se puede encontrar en el departamento, es el ‘Círculo de hombres de Cali’, un espacio donde se reúnen varones de todas las edades para conversar. “Básicamente hablamos de nosotros mismos, e intercambiamos alternativas de distintas formas de construir la masculinidad desde todos los ámbitos de la vida que nos permitan crecer como seres humanos”, dice Gustavo Calle Quintero, fundador del grupo.

Por su parte, la Secretaría de Mujer, Equidad de Género y Diversidad Sexual del Departamento, desarrolló un ciclo de conferencias virtuales bajo el nombre de ‘Y para vos, ¿qué es la masculinidad? en el que se meditó sobre las paternidades afectivas y cuidadoras.

“Ni machitos violentos ni princesas indefensas”

Raúl Suárez Tarazona, además de ser psicólogo con especialización en Ciencia Política y en Gestión Pública, es el líder y promotor de la escuela de formación de masculinidades ‘Mayra Barahona Rodríguez’, en jardines infantiles de Bogotá. Hace 10 años que trabaja en centros educativos y 15, tratando temas de masculinidades.

¿Cómo educar a un niño para que este crezca bajo una masculinidad positiva?

Lo primero que debemos educarnos somos los papás y las mamás en corresponsabilidad con la sociedad y con la familia. De ahí, educarlos en el reconocimiento de los derechos humanos y en el respeto, decirles que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos para que así, los niños no se conviertan en machitos violentos, ni las niñas en princesas indefensas.

Y lo más importante, educarlos con el ejemplo. Si ellos ven que en su familia hay lugar para el diálogo, que el papá y la mamá cocinan, lavan platos, son respetuosos, crearemos un modelo de relaciones más sanas y menos tóxicas.

¿Qué pueden hacer los padres y las madres desde la crianza para dar un mejor ejemplo?

No seguir construyendo relaciones basadas en papás distantes, poco afectuosos, proveedores solo en lo económico. A los niños y a las niñas se les debe mostrar que tanto hombres como mujeres pueden llevar a cabo los asuntos domésticos y de crianza.

¿Qué actividades o cosas puntuales pueden hacer los padres con sus hijos?

Permitir que los niños jueguen con distintos juguetes y no restringir las actividades de los niños por género, sino, de acuerdo a sus intereses. Permítele a la niña jugar fútbol y al niño bailar ballet, si así es que quieren.

También, incentivar la participación en las labores de la casa, que el niño ayude en la cocina, que ayude a barrer, permitirle además la expresión de los sentimientos, la posibilidad de ser empáticos, de expresar afecto y ternura.

Generar conversaciones sobre los sucesos de actualidad también es importante, por ejemplo, las violaciones a menores que han estado ocurriendo últimamente, claramente haciéndolo en unos términos apropiados. Así, se les enseña a los niños, el respeto hacia la mujer y el respeto sobre el cuerpo de ellas. Debemos enseñarles a los niños y a las niñas a construir paz y democracia y lo hacemos generando diálogo.

 

Fuente: https://www.elpais.com.co/cultura/hombres-sin-etiquetas-una-mirada-a-las-nuevas-masculinidades.html

Hombres sin etiquetas, una mirada a las nuevas masculinidades2020-07-30T16:40:17-05:00

¿Se extingue el piropo?, debate al comentario que tambalea entre la metáfora o el acoso

El fin del piropo está cerca. Para las expertas en género es una victoria que se atribuye al avance del movimiento feminista que a lo largo y ancho del mundo lucha por erradicar las violencias basadas en género, una de las cuales es precisamente aquella que se manifiesta en lo verbal, muchas veces tácitamente. A diferencia de lo que podrían considerar muchos, el piropo, independientemente de si da en el espacio público o en la intimidad del hogar, puede ser acoso.

Así lo asegura Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de la Mujer de la Universidad Icesi, quien rememora el movimiento feminista en Nueva York y en Argentina en donde se demostró, a partir de videos callejeros y material gráfico, el hostigamiento al que se ven expuestas las mujeres en el espacio público.

“El piropo está en su fase terminal porque cada vez vamos generando más consciencia crítica sobre lo que significa apropiarnos del cuerpo de las mujeres y reducirlo a comentarios voraces sobre su belleza. Tanto el piropo como el acoso callejero son un gran espejo de las asimetrías de poder que tenemos socialmente, es un problema estructural.

Que exista esa depredación en la calle confirma que los hombres no solamente se socializan para dominar de maneras agresivas y violentas los cuerpos de las mujeres, sino que se han formado como dueños del espacio público”, agrega Buchely.

57,9% de mujeres encuestadas por la OEM se sienten inseguras en barrios distintos al suyo.

De acuerdo con la Encuesta de Equidad del Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), de las 1507 encuestadas el 57,9 % manifestó sentirse insegura en calles de barrios distintos al suyo. Es así como, según Buchely, el disfrute del espacio público para las mujeres se ve afectado.

“Las mujeres que tienen poco acceso al espacio público, tienen poca consciencia de ciudad y poca acción e interacción con los problemas sociales y muy poca respuesta a las situaciones que se viven día a día en la calle. Vivir el espacio público, estar conscientes de la ciudad en la que vivimos y los problemas que tenemos es fundamental para la construcción de ciudadanía. Si tenemos mujeres confinadas en sus casas, no son ciudadanas porque no pueden disfrutar de un derecho básico que es el derecho a la ciudad”.

“El piropo reduce la mujer a una característica corporal”.
Lina Buchely, experta en género

Por otra parte, Sofía Carvajal, autora del libro ‘El piropo en Cali: entre el halago y el insulto’, comenta que las mujeres no solamente pierden la posibilidad del disfrute del espacio público e incluso laboral, sino también que sufren afectaciones en la percepción de su corporalidad.
“Las mujeres pueden, en muchos casos, formarse la idea de sus cuerpos a partir de los comentarios de los otros y esto hace que el piropo callejero tenga afectaciones en la formación de su subjetividad, de cómo ellas entienden su cuerpo, de cómo se relacionan con él, de cómo entienden qué es lo atractivo o qué no lo es para alguien más. Las mujeres o las niñas pueden llegar a transformar su forma de vestir para evitar comentarios que las hagan sentir incómodas en la calle y allí hay una limitante directa sobre la ley de la libre personalidad, a través de lo que usamos en el cuerpo”.

El piropo, una cuestión latinoamericana

Según Carvajal, diversos estudios asocian la costumbre del piropo a la labor de los trovadores, en el lejano siglo XII, donde un grupo de hombres se hacían en determinada parte de la calle de una ciudad o pueblo para crear versos y coplas, con la intención de llamar la atención de alguna mujer, como una especie de competencia para ver cuál de todos era el mejor.

“En América Latina, fundamentalmente en Suramérica, no pude llegar a identificar un estudio que hubiera tratado de abordar este tema. Pero encontré una posible relación: un tránsito colonial de España hacia estas tierras, pero eso sería una hipótesis”.

Por otra parte, la experta Buchely argumenta que en la actualidad el piropo tiene mayor presencia en Latinoamérica: “eso está muy vinculado a una forma de masculinidad que se ha diseminado geográficamente y tiene que ver con esta masculinidad que ocupa todos los espacios y tiene una voracidad sexual incontrolable, es como si ese elemento significara la no contención sexual”.

“Ser latino o ser caleño, en este caso particular, casi que exige que seamos de esa manera (coqueto, sexualmente atractivo) y habría una exigencia, no solamente del debería ser, sino también una normalización del piropo”, dice Carvajal.

Masculinidades no violentas y equitativas

Sin el feminismo no solo no estaría cerca el fin del piropo, sino que tampoco los hombres, aquellos que pretenden desmontar la masculinidad hegemónica, podrían tan siquiera hablar con otros sobre otras formas, esta vez no violentas e igualitarias, de habitar el mundo.

En palabras de Harol Valencia, promotor de masculinidades no violentas y equitativas de la Subsecretaría de Equidad de Género, “si uno crece con la mentalidad de que por ser hombre tiene un lugar privilegiado y puede ejercer poder, el piropo, básicamente, se convierte en una herramienta para eso, y nos ha hecho creer que tenemos todas las facilidades y oportunidades de decir lo que queramos a las mujeres en la calle, así sean unas desconocidas, y esta es una manera sobre cómo se cristaliza esta idea de poder de lo masculino sobre lo femenino”.

60,2% de mujeres encuestadas por la OEM siente una pérdida de autonomía en el espacio público.

¿Es posible desmontar la masculinidad como está? Valencia argumenta que no es fácil, pero la responsabilidad cae sobre los hombres, que son a la vez “victimarios y víctimas del sistema patriarcal”.

Fuente: https://www.elpais.com.co/entretenimiento/se-extingue-el-piropo-debate-al-comentario-que-tambalea-entre-la-metafora-o-el-acoso.html
¿Se extingue el piropo?, debate al comentario que tambalea entre la metáfora o el acoso2020-07-30T11:28:59-05:00

Boletín 5: Las mujeres sostienen el bien-estar y el buen vivir en Cali: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en tiempos de crisis.

Este quinto boletín OEM titulado “Las mujeres sostienen el bien-estar y el buen vivir en Cali: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en tiempos de crisis” muestra los datos de una de nuestras mediciones satélites realizada en el mes de mayo de 2020 a través de medios virtuales. Este quinto boletín es de autoría de nuestra coordinadora de medición, Natalia Escobar Váquiro.

Boletín 5: Las mujeres sostienen el bien-estar y el buen vivir en Cali: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en tiempos de crisis.2020-07-17T10:52:58-05:00

De monstruos, héroes y demonios

Una nueva semana cierra con noticias de abusos sexuales en las primeras páginas de los medios de comunicación. La esquina o la sección que dedicaban a la situación de riesgo de las mujeres en la pandemia pasó a primera plana, pese a que llevemos tres meses registrando aumentos entre el 170 y el 182% de las denuncias de violencias basadas en género en la línea 155 de la policía. Esta vez, la indignación viene de tres noticias: las conductas reprochables de Ciro Guerra; los escándalos en las Universidades Antioqueñas y la impresionante violación de una menor de edad a manos de ocho soldados de las fuerzas armadas.

Escribo porque hay varios elementos que hacen de estos casos algo particular respecto a otros, que me gustaría comentar aquí. Esos elementos tienen que ver no con una anormalidad de los hechos, sino con su contrario: lo rutinario de todas esas dinámicas.

El primero de los factores que quisiera comentar hace referencia a los victimarios. Los medios y la opinión pública suelen convertir en monstruos a los victimarios de violencia sexual. Casos como el de Yuliana Samboní nos recuerdan cómo, detrás de lo desgarrador del hecho, siempre existe un esfuerzo importante por narrar como excepcional o enfermizo al victimario. “Era un monstruo”, decían unos; “estaba loco”, reforzaban otros. En los casos de esta semana, por lo contrario, los victimarios son héroes cotidianos: artistas admirados, profesores reputados, valientes jóvenes. Eran, como dicen algunos titulares: “un buen tipo, talentoso”. Ese carácter mundano de los victimarios también está en las escenas.

El segundo elemento que quisiera mencionar es que no hay un nefasto y despiadado escenario del crimen. No hay una historia de terror que acompañe los relatos de las mujeres y la niña, pese a que cualquier abuso es en sí, aterrador. Hay un Uber, bibliotecas, salones de clase y palos de guayaba. Hay vidas de gente, días y rutina. En los tres casos, además, hay denuncias de mujeres valientes −las dos primeras a medios de comunicación, la última a las autoridades−. Y frente a esas acusaciones, los victimarios han contestado con patrones similares: “lo que dicen ellas es mentira”; “responderé a los autoridades”; hay presunción de inocencia y debido procesoaun cuando se acepta que el hecho sucedió −como en el último caso, que involucraba a una menor de edad −, “yo sí lo hice, pero ella lo provocó”. Hay entonces mucho de rutinario en todo esto. Las respuestas también hacen parte del rutinario repertorio de defensa de los varones.

Los casos de esta semana nos hablan del peso propio de la vida cotidiana. Hacen referencia a escenas que pasan todos los días, a acciones que cometen hombres que no son despiadados lunáticos, psicópatas sueltos, anomalías familiares, sino hombres de carne y hueso que hacen cosas poderosas en sus oficios. Estos casos nos hablan de normalidad, no de una truculenta excepción. Hablan de lo cotidiano, no de lo patológico. Esa es la violencia sexual. En contextos donde las mujeres son más pobres, tienen más carga de trabajo −un trabajo invisible como lo es el trabajo de cuidado−, menos empleos y más riegos vitales, la violencia sexual no es una excepción. Los hombres, en efecto, no tienen que usar violencia si quiera, para abusar de ellas. Usan sexualmente a las mujeres por inercia, con la densidad de la tradición, de las costumbres, de la cultura. Han aprendido, a lo largo de su diario vivir, que ellas les pertenecen, son material disponible de menor importancia. En últimas, que ellas deben doblegarse a su voluntad y deseos. Eso es de lo que les habla el mundo todos los días a esos buenos tipos que además de muchos atributos son, también, acosadores.

Cada vez que ocurren hechos semejantes, nos indignamos. Nos indignamos y hablamos días de ello. Dos días, y hasta tres días. Lo que nos resta de tiempo, ignoramos todo aquello que permite que esas mismas dinámicas continúen sucediendo. Dejamos que la desigualdad reine de manera impune; así como dejamos que nuestras niñas aprendan juegos distintos y diferentes, que nuestras adolescentes se sientan más culpables por su deseo y lo escondan, que nuestras colegas trabajen más, reciban menos salario y nunca lleguen a tomar decisiones.

Tenemos que conectar esos eventos. La desigualdad rampante, la impunidad y lo normal que nos parece que suceda, permitió que un tipo reconocido forzara varias mujeres a tener sexo. Es esta misma desigualdad y normalidad que permite que todos los días profesores eroticen las relaciones con sus estudiantes y que jóvenes reclutas vean en una niña un objeto sexual. Hemos erotizado la desigualdad. Nos parece ardiente.

Trabajo hace más de un año midiendo las brechas de género en el Valle del Cauca. Cuando sacamos cifras de trabajo, de inclusión financiera, de participación política, no tienen mucho eco. Las citan pocas investigadoras y organizaciones. No pasa lo mismo con las de feminicidios. Queremos cifras de muerte, de violación. Este comportamiento generalizado es un llamado urgente que requiere de toda nuestra atención. Quizás muchas y muchos continúen actuando bajo la sombra de la indiferencia. Pero cuando también nos desgarre que nuestra hija tenga menos posibilidades que su novio de hacer la vida que quiere, que nuestras niñas tengan más miedo que sus pares varones de salir al parque, y que nuestras mujeres se acuesten más cansadas que sus parejas, en la indolencia de lo cotidiano, quizá podamos escribir el mundo de manera distinta.

 

Fuente: https://www.icesi.edu.co/unicesi/todas-las-noticias/6082-de-monstruos-heroes-y-demonios?fbclid=IwAR2tZ7a6wwN5H2pU7hwKEumeIWkpDQfPNw6rEYySGqgnSl05cP0czoT_P6Y

 

De monstruos, héroes y demonios2020-06-30T15:42:16-05:00

Mujeres, las más afectadas en el mercado laboral a raíz de la covid-19

En medio de la crisis de la pandemia, las mujeres han sido las más afectadas laboralmente debido a que un alto porcentaje se dedica a la economía del cuidado, que no es una actividad remunerada, y que además amplía aún más las brechas entre los dos géneros.

La crisis del mercado laboral a causa de la covid-19 ha profundizado las brechas existentes entre géneros, demostrando que las mujeres son las más afectadas laboralmente.

Esta es una de las conclusiones del seminario web ‘La economía feminista y su importancia en tiempos de crisis‘, realizado el pasado jueves por la Universidad Javeriana de Cali.

En el foro se pudo evidenciar la difícil situación que afrontan las mujeres colombianas a nivel laboral a raíz de la crisis del coronavirus.

Según Paula Herrera, líder del proyecto Género y Economía, en los más de 90 días de la pandemia 5,2 millones se han visto afectadas laboralmente, lo que corresponde a un 56% de las mujeres ocupadas frente a un 45% de los hombres.

Además, de acuerdo con la experta, las actividades que se han reactivado tienen un alto porcentaje de cuota masculina y muy poco femenina. 

“Es el caso por ejemplo de la construcción, en la que casi el 100% son hombres; o la manufactura, sector en el que el porcentaje de participación femenina es del 45%, lo que quiere decir que no hay una proporción o equidad de género en la reactivación económica”, añadió Herrera.

Además, aseguró que la confección es una de las categorías del sector de manufactura en la que el papel de la mujer es predominante, pero esta se ha visto afectada debido a que considera que los colombianos no están pensando en comprar ropa y esto impacta a las mujeres inevitablemente. 

El desconocimiento de la economía del cuidado

Además de la brecha laboral, las panelistas del evento virtual coincidieron en que la economía del cuidado o del hogar es una actividad en la que las mujeres tienen una mayor participación, pero donde no hay una remuneración económica.

Las mujeres se hacen más responsables de las labores de la casa como la alimentación, la desinfección del mercado y los hijos, pero no tienen tiempos de ocio que les permitan un descanso, lo que afecta su salud emocional”, afirmó Natalia Escobar, coordinadora de medición del observatorio para la equidad de las mujeres de la Universidad Icesi y la Fundación WWB.

Además de conllevar una alta carga, las actividades del hogar no son remuneradas económicamente, lo que pone a la mujer en una situación de desventaja. 

“En ningún momento la economía del cuidado ha entrado en el sector productivo, no se le da un valor y al no entrar en esa cadena productiva la brecha de género seguirá creciendo”, dijo la exministra Cecilia López, actual presidenta del Centro Internacional de Pensamiento Social y Económico (CiSoe).

El desconocimiento de la economía del hogar como sector productivo tampoco permite una autonomía del género, concluyeron las expertas.

“Necesitamos una política pública que elimine ese paradigma y le dé peso a la economía del cuidado porque es algo que da bienestar e incluso financieramente produce lo mismo que la salud o que la educación“, aseguró López.

Además, la experta concluyó: “El reconocimiento no solo debe ser financiero sino también de la autonomía de la mujer en casa y de equilibrar cargas, ya sea haciendo uso de las tecnologías para las labores del hogar (robots que hacen limpieza o lavaplatos eléctricos), donde tanto el hombre como la mujer tengan la misma participación en las labores del hogar”.

 

Fuente: https://www.dinero.com/economia/articulo/desempleo-de-las-mujeres-es-mayor-durante-la-crisis-del-coronavirus/290127

Mujeres, las más afectadas en el mercado laboral a raíz de la covid-192020-06-30T15:28:30-05:00

Aniversario OEM

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El OEM fue lanzado el 20 de junio de 2019, como unidad académica encargada de la generación y el análisis de datos sobre brechas de género en el Valle del Cauca. En su año de funcionamiento, estos han sido sus principales logros:

  • Encuestas de género

  • Pioneros en generación de datos

  • Reconocimiento

  • Financiación

  • Alianzas

  • Publicaciones, semillero y consultorias

  •  Incidencia en Planes de Desarrollo

  • Red de asesores/ aliados

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Aniversario OEM2020-06-29T12:11:06-05:00
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